En una empresa debemos tomar decisiones de financiación cada día. No sólo hay una mejor opción o una única opción válida en cuanto a financiación y cómo afrontarla sino que deberemos medir, valorar y tomar decisiones para que éstas sean las más adecuadas en cada momento.
“La primera financiación que hay que hacer es la de atender el negocio cada mañana”
Habremos de tener en cuenta que todos los negocios del mundo necesitan financiación a corto plazo para atender sus necesidades operativas de fondos. Pero no olvidaremos la financiación más estructural que también será importante. Ambas partes podrán variar según el tipo de empresa o el sector.
Por supuesto, el tipo de deuda que tenga la organización va a tener efecto en sus resultados.
Si nos encontramos en una empresa financiada con una mayor parte de recursos propios (reservas, capital, ampliación de capital) podremos tener una rentabilidad menor pero, ante momentos más difíciles, puede ser una ventaja al evitar los intereses que afrontamos en deuda con recursos ajenos.
Si por el contrario, la organización está financiada en gran parte por recursos ajenos o deuda (préstamos bancarios, emisión de bonos) podemos acceder a una mayor rentabilidad siempre que no lleguemos al punto en que se colapse y comience a crecer en negativo.
Si en nuestra organización tenemos menos deuda asumiremos más riesgos y seremos más flexibles, teniendo una mayor resistencia al estrés, ya que dependemos en mayor parte de nosotros y asumimos menos intereses.
En ambos tipos de financiación, se trata de una balanza que debemos conseguir que mantenga el equilibrio.
Pero, ¿cuál es el punto exacto del equilibrio?
No podemos contestar esta pregunta porque hay muchas variables que afectan para tomar la mejor decisión en una determinada empresa, en un momento concreto.








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