El liderazgo no se aprende, se muestra | Rafael Guijarro Samper | Programas de Máster y Experto Universidad de Alicante | El Club de las Buenas Decisiones - Formación para Empresarios, Managers y Directivos
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El liderazgo no se aprende, se muestra | Rafael Guijarro Samper | Programas de Máster y Experto Universidad de Alicante | El Club de las Buenas Decisiones

Puede que no sea tan fácil ser líder. Las redes esconden interminables listas numeradas de cualidades y formas para alcanzarlo. Pasos para convertirse, no sólo en líder normal o buen líder, sino también para conseguir el estatus de auténtico líder. Sería tan fácil como quemar etapas, uno, dos, tres, cuatro hasta llegar al mambo y ya seríamos líderes, el mundo estaría repleto de ell@s.

Sin embargo, lo que podemos leer si tecleamos la palabra liderazgo en Google no son espacios guionizados para conseguir el estilo perfecto, eso es lo que parece que vemos. Lo que observamos realmente son descripciones de hombres y mujeres que han llegado a liderar. Descripciones en su gran mayoría sin nombre procedentes de personas auténticas que atesoran o han atesorado cualidades, diríamos que innatas, imposibles de adquirir por aquellas no llamadas a estos menesteres por mucho estudio o experiencia que acumulen. Puedes llegar a ser un buen jefe/a, realizar la mejor administración directiva y conseguir la aceptación de tus compañer@s. Puedes ser brillante en la gestión, pero ser líder, ¡vaya!, eso ya es otro cantar, es un escalón más de la pirámide, y no hay guión establecido que te pueda llevar a ese objetivo por mucho que quieras. Para eso se nace. Pensarás algún día que no tenía razón y que las recetas que tanto habías leído al final te han llevado a conseguirlo, pero, en realidad, si has andado el camino y has terminado encarnando ese rol, es que lo llevabas dentro.

Este artículo no va a aportar una lista numerada de los ciclos que debe completar un buen líder, sea cual fuere su género, para adjudicarse el título. Sería aburrido repetir lo que la literatura histórica o de empresa ya ha expuesto de mil maneras para que las organizaciones puedan evaluar el liderazgo de cualquier persona o incluso para que las personas lleguen a autoevaluarse y descubrirse en ese papel. Los manuales elaborados por profesionales de Recursos Humanos están a disposición de cualquiera.

Lo que queremos definir es aquello que marca la esencia de un líder, pero desde la experiencia de quienes han sido auténtic@s en este terreno. Es mejor que no l@s imites porque son inimitables. No lo intentes, eso debe salir sólo, y si no surge, es que no estás destinad@ a ello. No es necesario que sufras, ni tampoco que lo fuerces.

Para empezar, un político, Wiston Churchill, estadista y primer ministro del Reino unido en los años 40 y 50 del siglo pasado, conocido por su liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial. Llama la atención que, para ser líder en tiempos de guerra, Churchill fue antes que nada corresponsal de guerra y escribió sobre sus campañas, es decir, previamente ya era conocedor respecto de la materia sobre la que versó su trabajo.

Un empresario español, Amancio Ortega, leonés, repartidor para una camisería a los 14 años y comercial después. Cosiendo batas a mano creó un negocio de confecciones y, como le pasaba a Churchill, conocía perfectamente el campo donde luego se desarrolló.

Steve Jobs, empresario e informático estadounidense, visionario de su tiempo, obtuvo un 98% de votos anónimos a favor por parte de sus empleados en un ranking publicado por la web Glassdoor. Jobs dejó entrever con sus actos que un buen líder debe inspirar confianza. Si esto ocurre, los colaboradores van a querer seguir sus pasos e involucrarse en cualquier proyecto que éste acometa.

Diego Pablo Simeone, ex-futbolista, actual entrenador del Club Atlético de Madrid y líder deportivo. Llegó a decir de sus jugadores: “Estoy convencido de que estos futbolistas me han hecho mejor entrenador”. Es una frase que muestra humildad, que ensalza a los demás por encima de su persona, posiblemente toma en cuenta las opiniones del equipo y lo prioriza. Además, evidencia carácter a la hora de asumir los errores: «la responsabilidad es absolutamente mía» declaraba cuando su equipo caía eliminado por un conjunto inferior. Frases de ese tipo crean confianza, los jugadores se sienten representados y quien cita la frase adquiere una credibilidad enorme para el futuro.

Ángela Merkel, canciller alemana, liderazgo exquisito, considerada de las políticas más influyentes del mundo. Cuenta con la habilidad que los grandes líderes atesoran de saber escuchar, con ello ha logrado equilibrar intereses contrapuestos, tanto en su país, como en el resto del mundo. En 2015, el primer ministro griego Alexis Tsipras afirmó que: «Merkel sabe escuchar y quiere ser constructiva«.

Ana Botín, presidenta del Banco de Santander, economista, previamente trabajó en JP Morgan durante 7 años, presidenta de Banesto en 2002, se puso al frente del Banco de Santander en 2014 tras la muerte del anterior presidente, Emilio Botín. Como presidenta ha mostrado siempre una visión clara de lo que quiere, aspecto fundamental de una buena líder. Afirmaciones tales como “La transformación digital es uno de los principales objetivos del Santander”, o titulares como «Ana Botin defiende la igualdad de género y la fijación de objetivos para impulsar el liderazgo femenino«, muestra sin ambages que el Banco puede estar tranquilo porque la presidenta sabe hacia dónde quiere ir.

Margaret Thatcher, llego a ser Primera Ministra del Reino Unido desde 1979 hasta 1990. Se ganó la consideración de líder gracias a su pensamiento estratégico, se anticipaba, establecía metas. Fue el ejemplo claro de que siendo autoritaria también se puede ostentar un gran liderazgo y ganarse el respeto general. Algunas de sus frases pasarán a la historia: «No soy una política de consenso. Soy una política de convicciones».

La lista podría ampliarse mucho más. Eso sí, es necesario advertir que pintarse la cara al estilo Toro Sentado para intentar derrotar al Séptimo de Caballería puede resultar una osadía si no se cuenta con el don del liderazgo que otorga la naturaleza. Si además se carece de un nivel óptimo de ética y honestidad entre los rasgos más significativos y la humildad, la constancia, la modestia además de la observación, no son el fuerte de la persona que cree tener los dotes de liderazgo, lo mejor para ella es adentrarse en otros campos de menor responsabilidad y no intentar ser mejor que quien lo ha ostentado u ostenta porque eso lleva, a quien se aventura sin contar con las características necesarias, a la frustración y al rol eterno del «seguidor».

Si estás convencid@ de que ni naciste para ser líder, ni vas a superar el liderazgo oficial, busca lo que se te da bien, lo que te puede hacer diferente, porque los manuales del buen líder te hablan de las personas que hemos citado y éstas son insuperables e irrepetibles. Aquella empresa que tenga entre sus filas una persona con alma de líder tiene un tesoro, simplemente hay que hacer «match«. Porque, como en el amor, todo el mundo es bueno en los inicios a la hora de demostrar, pero sólo el líder sabe obtener ese plus adicional del grupo y contagiar ilusión, enamorar en cada momento y no sólo al principio, con el propósito de alcanzar juntos el objetivo final de manera sobresaliente. No es la persona quien debe postularse como líder, si no que es la organización quién tiene como labor ineludible la de identificar su liderazgo para que pueda mostrarlo.


Desde El Club de la Buenas Decisiones queremos dar las gracias a Rafael Guijarro, Técnico de Recursos Humanos en CHM Obras e Infraestructuras por la redacción de este artículo. Fue alumno del Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante durante el curso 2019/2020 y desde entonces es miembro del CBD. Rafa es una persona que durante las clases siempre ha sido muy activo con sus grandes aportaciones.

Fotos de Matheus Bertelli, Sora Shimazaki y Keegan Everitt en Pexels

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