Cultura agile y personas | El Club de las Buenas Decisiones
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Cultura agile | El Club de las Buenas Decisiones

En publicaciones anteriores hemos hablado acerca del origen de la agilidad, sus principios y valores, así como de la filosofía Lean Manufacturing, sus principales diferencias con agile y los tipos de desperdicios.

Hoy, queremos centrarnos en algo que consideramos fundamental para cualquier organización y circunstancia, pero que se torna más relevante todavía si cabe con las consecuencias económicas, sociales, laborales y de negocio que ha traído consigo la pandemia de la COVID-19 a nuestro país.

Se trata de la cultura organizativa que caracteriza a las compañías que trabajan con metodologías ágiles. Que tienen, en definitiva, una cultura agile.

No hemos necesitado una pandemia mundial para descubrir que vivimos y competimos en un entorno VUCA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo), pero la COVID-19 lo ha vuelto a poner de relieve, por si quedaba algún escéptico que no hubiera asumido ya que la única constante en los negocios hoy en día es el cambio.

Además, el convivir en un entorno de cambio acelerado está provocando que las empresas se vean ante la necesidad de explorar metodologías alternativas que les permitan responder de una forma rápida y eficiente.

Es por ello que las organizaciones necesitan volverse ágiles para ser capaces de responder con la suficiente rapidez y eficacia a los cambios producidos por el entorno y hacerlo, por supuesto, con el mayor nivel de éxito posible.

Es evidente, por tanto, que nos encontramos ante un profundo proceso de cambio organizativo que, como cualquier otro que quiera llegar a realizarse de forma eficiente, ha de promoverse desde dentro y siempre adaptado por y para las circunstancias de esta.


LAS PERSONAS EN EL CENTRO


Las técnicas y métodos de trabajo, así como los marcos de trabajo ayudan a alcanzar el objetivo de convertirse en una organización más dinámica, adaptable y capaz de generar aprendizajes, pero no solo con ello es suficiente.

Tenemos una dimensión adicional, la más importante, por cierto: las personas ya que ellas son las verdaderas protagonistas de la agilidad.

Es por ello que este profundo proceso de cambio ha de llevarse de la mano de las personas, y siempre poniéndolas en el centro. Hablamos, por supuesto, tanto de colaboradores como de clientes, que son dos caras de una misma moneda.

Un aspecto crucial a la hora de gestionar personas en una compañía es el de la gestión de las expectativas y motivaciones de cada una de ellas.

Si atendemos a los estudios realizados anualmente por grandes compañías como Randstad, observaremos que aunque el salario sigue teniendo un peso importante dentro de los aspectos valorados por los empleados, existen otros muchos otros que podríamos incluir en el denominado salario emocional que tienen una ponderación creciente.

Por lo que, podríamos decir que para implantar una cultura agile, hemos de tener muy en consideración no solo los procesos, procedimientos, herramientas, etcétera, sino primordialmente a las personas.

Además, la implantación de metodologías ágiles no persigue una mayor productividad en el sentido de producir más productos o servicios por unidad de tiempo sino que estas ponen en foco sobre todo en la aportación de valor, la mayor calidad del producto o servicio y en la satisfacción del cliente.


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