El concepto de cuadro de mando deriva del concepto denominado «tableau de bord» en Francia, que traducido de manera literal, vendría a significar algo como tablero de mandos o cuadro de instrumentos.
Conocimos más profundamente el concepto de cuadro de mando y la importancia estratégica que éste puede tener para la empresa en la sesión con Francisco Oliver Guardiola en el Máster en Dirección y Gestión de Empresas de la Universidad de Alicante.
En la organización hemos de controlar muchas y diferentes variables pero solo hay unas pocas que son realmente importantes, por lo que es fundamental establecer un sistema de señales en forma de cuadro de mando que nos pueda indicar cómo varían estas magnitudes que se han de vigilar para someter a control la gestión, detectar temas a mejorar y tomar las mejores decisiones para la empresa.
En este artículo que te enlazamos a continuación puedes aprender más sobre el CMI: Qué es el cuadro de mando integral y cuáles son sus beneficios.
Cuando Francisco Oliver realiza la presentación de la sesión nos habla de que esta nos va a ayudar a combatir la ley de Murphy, porque si dejamos al azar las cosas éstas tenderán al caos y la desorganización. Debemos tener claro qué es lo importante y cómo lo vamos a medir, diseñando el cuadro específico ideal para nosotros y nuestra organización.
Kaplan y Norton en 1992 plantean la idea del CMI ya que todos los objetivos e indicadores de un CMI deben derivarse de la visión y estrategia de la organización.
El CMI, por tanto, es una herramienta útil y fundamental para gestionar la estrategia y debe ir unida a ella para ser realmente efectivo.
Parten, además, desde algo básico e importante, que lo que no se define no se puede medir y, si no medimos, tenderemos a ese caos y, seguramente, llegaremos a otros lugares diferentes de a donde, realmente, queremos llegar.
El Cuadro de Mando Integral (CMI) es, por tanto, un modelo de gestión que nos ayuda a traducir la estrategia a verdaderos objetivos y hacer seguimiento de los mismos a través de los indicadores oportunos para ello. Además, los resultados de estos indicadores habrán de estar ligados a determinados planes de acción para mejorarlos, siendo conocidos por los miembros de la organización y siempre alineados, por supuesto, con la estrategia organizacional.
El CMI ha de surgir siempre de la estrategia, por parte de la dirección y ser un documento sencillo que incluya los indicadores realmente importantes, sólo los objetivos realmente estratégicos, permitiendo un seguimiento periódico de los mismos, así como la asignación de responsabilidades de las personas y equipos implicados. Esta herramienta facilita automatizar la medición y establecer alarmas que nos ayuden a detectar, lo antes posible, cualquier disfunción que aparezca y tomar las decisiones oportunas para solucionarla cuanto antes.
El cuadro de mando integral se convierte en una herramienta estratégica de primer nivel que nos permite relacionar la estrategia con su ejecución, además de medir y controlar qué está ocurriendo para tomar las mejores decisiones para corregir posibles desviaciones de la estrategia o encontrar oportunidades de mejora. Otro de los beneficios que tiene el CMI es posibilitar el conocimiento de la estrategia a todos los niveles, implicando a los diferentes equipos por un fin común, alineado por supuesto con los planes estratégicos de la organización.
Sin definir, sin medir, no podemos mejorar. El CMI permite tener una visión de las relaciones causa – efecto y transformar datos en conocimiento realmente significativo que nos permita tomar las mejores decisiones para la empresa.
Esta herramienta es fundamental e importante en los procesos estratégicos de las organizaciones y pudimos conocerla en detalle y reflexionar sobre ella, también aplicada a casos prácticos en la sesión que realizamos con Francisco Oliver. Puedes ver aquí el álbum completo de la sesión.
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