Vivimos momentos de revolución: revolución digital, revolución empresarial y también revolución social. Y en todos ellos destaca el impulso transformador que están cogiendo las mujeres en todos los ámbitos de la vida: personal, familiar y laboral.
Desde la empresa tenemos que asumir nuestro papel protagonista en el avance de la sociedad, ya que somos uno de los principales actores que siempre han fomentado, fomentan y fomentarán el desarrollo de la sociedad en la que nos encontramos.
Por tanto, en esa evolución hacia la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, el papel de las empresas y los equipos de dirección es crucial. Es cierto que a raíz del Real Decreto 06/2019 las empresas de más de cincuenta trabajadoras/es están obligadas por ley a contar con un Plan de Igualdad de Oportunidades; ahora bien, podemos aprovechar esta oportunidad para diferenciarnos de nuestros competidores e implicar en nuestro proyecto al mejor talento haciendo organizaciones más justas, más responsables socialmente hablando y donde todas las personas trabajadoras tengan las mismas opciones de progresar y crecer.
Y para esto no hace falta dinero, lo fundamental es contar con una voluntad fuerte y una actitud poderosa que nos lleve a implantar acciones orientadas hacia la igualdad, como la ruptura de los techos y paredes de cristal, el desarrollo del potencial máximo de mujeres y hombres a través de cauces de participación y formación, la implantación de fórmulas que permitan la conciliación de la vida laboral con la familiar y personal, clima laboral facilitador y de confianza, …


Ahora bien, es necesario entender que ese ansiado progreso no se debe fundamentar en el enfrentamiento y el conflicto entre hombres y mujeres, ya que todos debemos caminar juntos. Es necesario asumir las diferencias de cada persona (cada uno de nosotros somos únicos, con nuestras capacidades, habilidades y fortalezas) para a partir de ahí generar la reflexión adecuada, así como los entornos positivos y constructivos para que todos, independientemente de nuestro sexo, edad, religión o condición social, alcancemos nuestro máximo nivel de desarrollo y explotemos nuestro potencial, aportando así a la sociedad nuestra mejor versión.
Y para conseguir este objetivo, desde la empresa, debemos contar con un coherente y bien orientado Plan de Igualdad, que defina las numerosas actuaciones que podemos poner en marcha para avanzar en esta dirección: procedimientos de selección no discriminatorios, campañas de formación y concienciación en materia de igualdad, lenguaje no sexista, protocolos contra el acoso sexual y por razón de sexo, medidas de mejora de las condiciones laborales que fomentan la conciliación y la corresponsabilidad, políticas retributivas justas y equitativas, sistemas de promoción abiertos y sin sesgos,…
En conclusión, estamos viviendo un momento de cambio, que nos afectará a nosotros y sobre todo a las próximas generaciones, en el que nuestro reto es que las mujeres puedan cumplir sus sueños en la misma medida que los hombres. Y para ello es responsabilidad de todas y todos (poderes públicos, docentes, comités de dirección de empresas, …, personas individuales) poner en marcha las actuaciones necesarias para que todas las mujeres y hombres tengan la oportunidad de alcanzar sus metas y vean cumplidas sus ilusiones.
¿Cuál es tu granito de arena, en tu ámbito diario, para promover hoy ese cambio que repercutirá en las generaciones futuras?
Desde el Club de las Buenas Decisiones, queremos agradecer a, Javier Ortega Sánchez, Especialista en Gestión de Personas y Recursos Humanos especializado en diagnóstico, diseño, implantación y evaluación de Planes de Igualdad, la redacción de este artículo.
Imgenés de Gerd Altmann y de Peggy und Marco Lachmann-Anke en Pixabay
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