Un gran número de empresas pueden calificarse, actualmente, como empresa familiar en nuestro país. Este concepto de empresa familiar no se refiere al tamaño que tenga la empresa sino que puede definirse de diferentes formas, teniendo que ver en dicha definición conceptos como la titularidad del capital social, la involucración de la gestión o que en ella convivan varias generaciones de la misma familia. El tipo jurídico no sería lo más relevante sino que cumpliera alguno de estos criterios anteriormente mencionados.
Cuando nos encontramos en una empresa familiar podemos encontrarnos con la necesidad de establecer un Protocolo de Empresa Familiar porque las leyes que regulan los estatutos son, en muchos casos, insuficientes para afrontar situaciones que podemos encontrarnos durante la vida de esta sociedad.
El protocolo familiar es un conjunto de normas y principios que regulan las relaciones profesionales y económicas entre la Familia y la Empresa. Su objetivo es preservar la continuidad de la Empresa Familiar y contribuir a su desarrollo. Además, otro de los objetivos del protocolo, sería sentar las bases de actuación ante diversas problemáticas que podrían surgir en el seno de la empresa o la familia y que, si no se han previsto con anterioridad, pueden suponer verdaderos quebraderos de cabeza a los miembros de las empresas. Tener previstas determinadas situaciones y cómo serán resueltas nos puede ahorrar muchos problemas y decisiones que no seamos capaces de tomar.








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