Julio Morell es director territorial de Levante de MAZ, mutua colaboradora con la Seguridad Social. Hablamos con él de por qué crecen las bajas, qué margen de actuación tienen empresas y mutuas, y qué puede hacer un departamento de Recursos Humanos antes de que un proceso se alargue.
—Las bajas no dejan de crecer y en muchas empresas la sensación es que poco se puede hacer. ¿Comparte ese diagnóstico?
—En parte. Es verdad que tanto las empresas como las mutuas tenemos limitaciones, y conviene reconocerlo. Pero de ahí a pensar que no se puede hacer nada hay un trecho.
En 2025 se iniciaron más de nueve millones de procesos de contingencia común. Con esa cifra delante, lo fácil es desanimarse. Yo prefiero cambiar la pregunta: en lugar de cuántas bajas hay, dónde podemos actuar. No vamos a resolver el problema entero, eso sería poco realista, pero dentro de nuestras competencias sí se puede gestionar mejor.
—¿El aumento de las bajas no se explica simplemente porque hay más gente trabajando?
—Influye, claro. Si hay más personas trabajando, habrá más procesos. Pero las bajas han crecido mucho más que el empleo, así que esa explicación se queda corta.
Cuando analizas el absentismo aparecen factores sanitarios, pero también sociales, laborales, económicos y organizativos. Suelo decir que el absentismo tiene algo de patología y mucho de gestión. Si solo miras la enfermedad, te pierdes buena parte de lo que está pasando.
—¿Qué hacen ustedes cuando les llega una baja?
—Lo primero, intentar contactar cuanto antes con el trabajador y conocer la patología. Hay procesos en los que poco podemos aportar: una patología leve se va a resolver sola y nuestra intervención no cambia mucho. Pero hay otros, sobre todo en traumatología y en algunos casos de salud mental, en los que sí podemos hacer cosas.
Los primeros momentos son los más importantes. Si llegas a un proceso cuando ya se ha alargado, puede que la patología haya ido a peor y que la vuelta al trabajo sea más difícil. Eso sí, no hay que intervenir en todo. La clave está en distinguir en qué casos merece la pena.
—¿Y qué papel tiene ahí la empresa? Al fin y al cabo, una baja es una cuestión médica.
—Más del que parece, cada uno dentro de lo que le corresponde. Muchas veces la empresa sabe que un trabajador tiene un problema de salud porque él mismo se lo ha contado y ha pedido ayuda. Si en ese momento nos llaman y nos dicen «tengo a esta persona que me ha pedido ayuda», podemos adelantarnos en los casos en los que tenemos margen.
Lo que no tiene sentido es que la relación entre empresa y mutua empiece cuando el proceso lleva meses o cuando ya se ha convertido en un conflicto.
Y ayudaría quitarle a la palabra absentismo cierta carga negativa. Absentismo no quiere decir ausencia injustificada. Hablamos de personas que no están trabajando por motivos distintos, y muchas de ellas están enfermas y necesitan ayuda.
—Un grupo pequeño de trabajadores acumula una parte muy grande de las bajas. ¿Cómo se trata ese dato sin señalar a nadie?
—Con prudencia, porque no quiero estigmatizar a nadie. Es cierto que hay un colectivo reducido, que nosotros llamamos repetidores y el INSS llama hiperfrecuentadores, que concentra una parte muy importante de los procesos. Eso hay que analizarlo.
Pero analizar no es prejuzgar. Uno podría pensar que son todos personas con enfermedades crónicas que recaen, y no siempre es así. El dato sirve para saber dónde prestar más atención, bien para ayudar mejor a esas personas o para gestionar bien sus procesos. Convertirlo en una sospecha automática sobre el trabajador es otra cosa, y no es lo que yo planteo.
—Las bajas por salud mental son las que más preocupan ahora mismo. ¿Qué está viendo?
—Que crecen mucho y que duran. Desde 2015 el aumento ha sido muy fuerte, y la incidencia es especialmente alta entre los más jóvenes. Además, son procesos que se alargan meses.
Sobre las causas prefiero ser prudente. Hay quien lo relaciona con el COVID. Puede ser, pero yo no me atrevería a afirmarlo. Lo que sí está claro es que faltan profesionales de salud mental. Es un fenómeno que merece atención, pero no conviene convertir una impresión en una explicación que no podemos demostrar.
—Si tuviera que dejarle una sola idea a un director de Recursos Humanos, ¿cuál sería?
—Que el problema es serio, pero hay margen. Ni la empresa ni la mutua pueden resolverlo solas, y no tenemos todas las herramientas. Lo que sí podemos es gestionar mejor, compartir información cuando proceda, detectar antes los casos en los que podemos ayudar y aprovechar mejor los recursos.
En algunas bajas haremos poco; en otras, llegar pronto marca la diferencia. Lo peor sería pensar que no se puede hacer nada. Se pueden hacer cosas. Quizá no solucionemos el problema, pero sí podemos gestionarlo mejor.
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