Pasar de dominar un área técnica a comprender cómo cada decisión afecta al conjunto de la empresa es uno de los retos habituales en la evolución profesional. Miguel Ángel Izquierdo, alumno del Máster en Dirección y Gestión de Empresas (MDE) de la Universidad de Alicante, explica cómo el programa le está ayudando a ampliar su mirada: ya no se centra únicamente en la obra y sus costes directos, sino también en las implicaciones operativas, financieras y organizativas que rodean cada proyecto.
La trayectoria de Miguel Ángel ha estado vinculada desde el principio al sector de la construcción. Tras formarse en Obras Públicas e Ingeniería Civil en Alicante, se trasladó a Alemania, donde tuvo que afrontar primero el proceso de integración y aprendizaje del idioma. Después se incorporó a una constructora especializada en proyectos de retail, en un entorno que describe como profesionalizado, organizado y preciso.
Durante varios años trabajó en proyectos desarrollados en cinco países europeos. A su regreso a España se instaló en Palma de Mallorca y continuó creciendo dentro del sector, primero en una constructora y posteriormente como project manager en promotoras. Ese cambio respondía a su interés por trasladar la experiencia técnica hacia funciones con mayor peso en la coordinación, la planificación y la toma de decisiones.
Más adelante regresó a Alicante y trabajó en una consultora de proyectos, donde adquirió experiencia en grandes actuaciones, especialmente hoteleras. Actualmente desarrolla su carrera en IMED Hospitales, participando en la gestión de proyectos de construcción, la planificación y el control de costes dentro de un contexto de crecimiento y desarrollo.
La decisión de incorporarse al Máster en Dirección y Gestión de Empresas responde a una evolución clara de sus intereses profesionales. A medida que ha asumido funciones de gestión, ha dejado de mirar únicamente «el hormigón y el ladrillo» para interesarse por lo que existe detrás de cada proyecto desde el punto de vista del negocio.
Miguel Ángel buscaba una visión más amplia que le permitiera relacionar la ejecución de una obra con otros factores empresariales. En su testimonio señala, por ejemplo, la importancia de comprender cómo un retraso puede afectar a los costes de estructura, a los costes operativos o a la planificación financiera, así como la influencia del momento en el que se recibe o se amortiza el capital.
Ese cambio de perspectiva resume uno de los beneficios que atribuye al MDE: conectar decisiones técnicas con sus consecuencias sobre el conjunto de la organización.
Uno de los mensajes más claros de la entrevista es la evolución de su manera de analizar los problemas. Miguel Ángel considera que ahora tiene un perfil más ejecutivo y resume ese cambio con una expresión directa: «Ya no veo el árbol, veo el bosque».
Esta mirada más global también ha influido en la forma en que se relaciona con sus compañeros. Explica que percibe un mayor reconocimiento hacia su criterio y que ha asumido un papel de referencia en situaciones en las que era necesario aportar dirección y seguridad. También considera que la alta dirección está empezando a percibir esa evolución.
No presenta este avance como un resultado automático. Lo vincula con su trayectoria, la experiencia acumulada y el esfuerzo de compatibilizar trabajo, vida familiar y estudios. En ese proceso, el MDE le ayuda a ordenar conocimientos, ampliar el marco de análisis y entender mejor las decisiones empresariales.
Su formación como ingeniero sigue teniendo un peso importante en su forma de trabajar. Aunque reconoce que muchos conocimientos técnicos concretos se olvidan con el tiempo, destaca que la ingeniería le enseñó a enfrentarse a problemas complejos y a confiar en su capacidad para encontrar soluciones.
Esa mentalidad se traslada hoy a retos de planificación, coordinación y gestión. Para Miguel Ángel, la formación técnica proporciona una base rigurosa, mientras que la experiencia profesional y la formación directiva ayudan a responder a situaciones que no siempre se enseñan en una carrera universitaria.
A partir de su experiencia, Miguel Ángel defiende el valor de la formación en dirección y gestión para perfiles profesionales diversos. En su caso, el MDE le permite complementar una trayectoria especializada con conocimientos que facilitan la comprensión del negocio en su conjunto.
Su reflexión final también pone el foco en el esfuerzo. Frente a la expectativa de obtener una recompensa antes de asumir nuevas responsabilidades, plantea el recorrido contrario: trabajar, implicarse y confiar en que ese esfuerzo pueda abrir nuevas oportunidades.
En definitiva, el testimonio de Miguel Ángel Izquierdo muestra cómo una formación directiva puede ayudar a un profesional técnico a ampliar su perspectiva, relacionar la gestión de proyectos con la realidad global de la empresa y asumir un papel más ejecutivo. En su experiencia, el MDE no sustituye los conocimientos adquiridos durante años de trabajo, sino que los conecta con una comprensión más completa del negocio.
Este artículo recoge una entrevista a Miguel Ángel Izquierdo, alumno del Máster en Dirección y Gestión de Empresas (MDE) de la Universidad de Alicante, desarrollado por UNNIUN y El Club de las Buenas Decisiones.
En UNNIUN trabajamos para ofrecer programas formativos orientados a la toma de decisiones en entornos complejos, conectando conocimiento académico y práctica profesional. Si quieres conocer más sobre nuestra oferta formativa o nuestras próximas actividades, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo.
Tu email no será publicado.
Δ