El único cliente malo es el que no viene | Simón Pedro Barceló | Grupo Barceló - Formación para Empresarios, Managers y Directivos
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El único cliente malo es el que no viene | Simón Pedro Barceló | Grupo Barceló

Así de contundente se mostraba Simón Pedro Barceló, copresidente del Grupo Barceló, en la conferencia que impartió el pasado día 6 de julio en Alicante, en el marco de un desayuno de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos organizado por el Círculo de Economía de la Provincia de Alicante, al que tuvimos la oportunidad de asistir algunos miembros del Club de las Buenas Decisiones.

Entrando en el debate que se está produciendo en torno al exceso de turistas en determinadas temporadas y en algunos destinos, que provoca lo que en algunos momentos se identifica con “turismofobia”, el presidente del Grupo Barceló aseguraba que el problema que tenemos en estos momentos no es en absoluto el de morir de éxito; el verdadero debate está entre poner límites al turismo o dotar de infraestructuras para atender la demanda y regular correctamente el flujo de turistas porque, en su opinión, España puede recibir muchos más visitantes si se dota de las infraestructuras adecuadas, se trabaja en la deestacionalización a través de la puesta en valor del turismo de ciudad, de interior, verde, deportivo, etc. (en nuestro país, en invierno, cierra prácticamente el 60% de la capacidad hotelera) y se desarrollan productos específicos que atiendan a necesidades concretas de clientes y configuren la imagen del destino en colaboración entre todos los intervinientes (empresas, administraciones y sociedad).

Pero sin duda, estamos en un buen momento. El sector está en clara recuperación desde 2010, también en Alicante. Somos locomotora de recuperación de la economía española, tanto a nivel macro (crecimientos interanuales en torno al 5% en facturación) como a nivel de creación de empleo (aporta prácticamente el 16% del empleo); con más de 500.000 empresas turísticas en España, de las que 50.000 están en la Comunidad Valenciana, más de 20.000 en Alicante.

Se trata de una situación que replica, mejorando, la evolución del sector a nivel mundial, en que el turismo supone el 11% de la actividad económica y el 12% del empleo (16% en España, como se ha apuntado, con una cuota superior al 6% de la captación global de turistas que ascendió a 1.000 millones de personas en 2016 y se estima en 1.800 millones para 2030).

Somos, por tanto, unos privilegiados, pero tenemos que luchar por nuestra cuota, aunque estamos en las mejores condiciones para defenderla pese a la complejidad creciente de la actividad turística, actuando en la línea de definir y explotar nuevas vías complementarias a la oferta básica de Sol y Playa en nuestra zona (como ya hemos explicado, turismo cultural, gastronómico, deportivo, de interior, verde, de ciudad, etc.).

Pero para ello, tenemos que conseguir que la sociedad siga creyendo en el turismo (“turismo somos todos”), lo que requiere una clara apuesta país a favor del turismo catalizada por las administraciones públicas, impulsada básicamente por el poder legislativo con la colaboración imprescindible del sector.

Es necesaria una ordenación clara que frene el intrusismo y la economía sumergida, aportando seguridad jurídica a los inversores.

En este punto, Simón Pedro Barceló incorporó una reflexión sobre el debate intensificado en los últimos tiempos en torno a los alquileres turísticos “sobrevenidos” y su impacto en la consideración y posicionamiento de los destinos. Al respecto, apuntaba que el debate requiere una reflexión de la sociedad en su conjunto: somos una historia de éxito en turismo con un equilibrio entre oferta hotelera y residencial; si convertimos la oferta residencial en turística, entramos en una dinámica diferente, pero indudablemente el sector se adaptará a la realidad que se impulse desde el poder legislativo, aceptando que la liberación completa del uso turístico de las viviendas residenciales puede aportar problemas que deriven en aquella “turismofobia” por alta concentración de turistas habitualmente de bajo coste en determinadas zonas de las ciudades, con impactos negativos sobre el territorio por la vía de problemas de vecindad (los horarios de los residentes y los de los turistas, por ejemplo, son muy diferentes, lo que puede ocasionar problemas de convivencia), elevación de precios de las viviendas en esas zonas, con dificultades añadidas para la población autóctona e incorporación de precios más altos para turistas, más allá de la tasa turística, que para residentes, y simultáneamente reducción de precios de alojamientos regulados.

Es un aspecto mal resuelto hasta ahora, que no se puede obviar ni conviene aplazar, ya que se trata de uno de esos casos de problemas que el transcurso del tiempo solo puede empeorar dando lugar a situaciones graves como hemos empezado a ver en Barcelona o Ibiza.

Aunque de manera tangencial, relacionado con este punto –por los agravios complementarios con el sector regulado-, en entrevista concedida a nuestro Club de las Buenas Decisiones, el Sr. Barceló se mostró claramente contrario a las tasas turísticas tanto por la mayor eficiencia de los recursos en manos del sector privado, como por el mensaje muy negativo que transmiten hacia nuestros visitantes: su actividad es perniciosa y, por tanto, tienen que pagar para recuperar al menos una parte del perjuicio que generan. Esto, además de su experiencia sobre que la tasa no es en absoluto un impuesto finalista que se reinvierte en mejoras en el sector, sino que se convierte en realidad en un impuesto más que trata de corregir defectos de financiación que no tienen nada que ver con el sector (solo es una forma de detraer recursos del sector privado para llevarlos al público).

Sin esquivar ningún tema de actualidad que afecte al sector, el presidente del Grupo Barceló abordó también los vientos a favor y en contra que impulsan o pueden ralentizar el sector, refiriéndose desde el punto de vista de la oferta a la recuperación incipiente, aunque parece que poco a poco sostenida, de destinos competidores como Egipto, Turquía y Túnez, que pueden impactar negativamente en el número de turistas extranjeros que nos siguen visitando. Y desde el punto de vista de la demanda, con el posible impacto negativo a medio plazo del Brexit, lo que sería especialmente perjudicial para nuestra provincia, o el crecimiento del turismo asiático, en el que deberíamos tomar posiciones más claras.

En nuestro país ganamos cuota en mercados de proximidad (Europa), pero no en los grandes emisores asiáticos (y también americanos). En este punto tenemos una excelente oportunidad en la zona, trabajando sobre tres puntos básicos: Ordenación (visados más fáciles); Infraestructuras (básicamente privadas, adecuando productos a esos nuevos mercados); y Promoción (en los destinos de larga distancia, sabiendo que la entrada de esos nuevos turistas en España es básicamente por Madrid y Barcelona, tratando de captarlos desde ahí para estancias inicialmente cortas y oferta de productos turísticos muy específicos, aprovechando las buenas comunicaciones existentes, fundamentalmente conexiones con Madrid y, con el impulso de Corredor Mediterráneo, con Barcelona).

Este turismo emergente puede contribuir a corregir pérdidas por otras causas, como el Brexit (aún no ha impactado negativamente en turismo vacacional, pero es razonable que ocurra en un futuro más o menos próximo) o el renacimiento de destinos competidores en el producto básico de sol y playa, pero el concepto básico que debemos manejar es el de diversificación de mercados: no es bueno depender de un solo mercado, pero a la vez debemos intentar ser lo más atractivos posible para ese mercado del que depende una parte importante del negocio del sector, de manera que si se produce ese estancamiento, nos afecte menos.

El sector, por tanto, tiene que hacer frente a retos permanentes desde la tranquilidad de que, en términos generales, hemos hecho bien las cosas, pero los cambios acelerados que vive la sociedad hacen que esos retos se conviertan en oportunidades o en problemas en función de cómo los abordemos.

Un ejemplo muy claro de esos impactos es el relacionado con la tecnología que, en opinión del ponente, incorpora algunos riesgos pero, sobre todo, ofrece oportunidades al sector tanto desde un planteamiento de mejora en la eficiencia de sus procesos como en el conocimiento del cliente o en la eficacia de la comercialización. Internet, decía, supone una gran oportunidad para el sector hotelero desde cualquier punto de vista, máxime si se desarrolla una regulación correcta que equipare las condiciones competitivas de todos los operadores, sin ventajas incomprensibles para nuevos entrantes a través de la llamada economía colaborativa que, al final, pueden producir saturaciones y descenso de rentabilidad a operadores tradicionales que, en definitiva, atentan contra ese turismo de calidad que pretendemos.

Solo a modo de ejemplo de algunas de las aportaciones de internet al sector hotelero, el presidente del Grupo Barceló explicaba que hace apenas unos años solo el 10% de las ventas hoteleras se producían directamente por el hotel, dependiendo el 90% restante de intermediarios, cuando en estos momentos, en su grupo, más del 25% de las ventas se producen directamente en la empresa, lo que abarata costes y mejora tanto la eficiencia del proceso de ventas como el conocimiento del cliente, facilitando una mejor focalización en las expectativas específicas de ese cliente.

A preguntas de los asistentes, el ponente hizo énfasis en los valores relacionados con la sostenibilidad económica, social, laboral y medioambiental como claves de cualquier negocio, también el turístico (la pérdida de algunos de esos valores –pelotazos, dinero fácil, todo vale, …- fue en gran medida la responsable de la grave crisis en la que entramos hace 10 años que aún no hemos superado completamente). Y siendo este un buen momento para subir los precios por el incremento considerable que estamos teniendo en la demanda, ese incremento debería llevar aparejada una mejora sustancial de los servicios del sector para blindarnos como destino frente a nuestros mejores competidores actuales y futuros porque, decía el presidente del Grupo Barceló, no podemos basar nuestra estrategia futura en el precio bajo –que no es sostenible- sino en la calidad y la diferenciación.

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