En España hay un gran número de empresas que son familiares.
Gestionar empresa y familia es complejo porque la forma de actuar en ambas situaciones es muy distinta, llegando a encontrar por el camino una paradoja que va a ser difícil de resolver si no la tenemos en cuenta de forma previa a través de una serie de normas.
Y la paradoja viene dada porque en la empresa se valoran principalmente los resultados económicos, las relaciones son contractuales y hay una fuerte tendencia al cambio siempre que este nos supongan mejores resultados, valorando la competitividad y los objetivos cumplidos. Sin embargo, cuando analizamos la empresa nos encontramos con más relaciones de tipo personal, basadas en el afecto, la seguridad, la igualdad o el apoyo y con una fuerte resistencia al cambio. Gestionar ambos sistemas de forma simultánea puede traer complicaciones que deberemos estar preparados para afrontar.
Algunas reglas como las siguientes podrán ayudarnos:
Tratar a la empresa como empresa y a la familia como familia.
Sería la primera y más importante recomendación aunque también la más compleja de llevar a cabo, cuando los dos ámbitos se entrecruzan.
Anticiparse.
Anticiparnos nos ayudará a evitar las sorpresas ya que lo inesperado es nuestro enemigo. Deberemos promover una visión de largo plazo tanto en la empresa como en la familia teniendo en cuenta, por ejemplo, cómo evolucionará nuestro árbol genealógico ya que esto influirá en la empresa en el futuro. Deberemos evitar, además, la creación de jaulas de oro y dar mecanismos a los accionistas para salir si así lo desean.
Disponer de estructuras para casi todo.
Deberemos prever diferentes situaciones y promover respuestas y soluciones para estas. Se pueden crear estructuras más firmes a través de los protocolos familiares.








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