Cuando hablamos del plan estratégico en una empresa debemos tener en cuenta tanto la definición como la ejecución de dicho plan. Muchas veces, en las organizaciones nos quedamos en el QUÉ o definición de la estrategia, invirtiendo tiempo y recursos en dicha definición pero sin tener en cuenta que tendremos que implantarla y llevarla a la realidad, el CÓMO, lo que significará acción.
Para tener el CÓMO, la implantación, la acción, deberemos tener antes el QUÉ, pero, al contrario de lo que muchas empresas entienden y aplican, ambos procesos no son independientes sino que van íntimamente ligados para conseguir lograr el resultado que deseamos.
Normalmente hablamos de estrategia por un lado y de ejecución por otro. Aquí es donde comienza el problema, pues estamos contribuyendo a cimentar una distancia entre ambos procesos que, en realidad, no ha de existir.
La estrategia sin ejecución no sirve para nada. Francisco Belda.
En realidad la estrategia es su ejecución porque la mera información de poco nos sirve para lograr los objetivos. Si de verdad queremos resultados y que la estrategia se ejecute, debemos tener en cuenta dicha ejecución desde los primeros pasos del planteamiento estratégico. Sólo de esta forma tendremos en cuenta aspectos que luego ayudarán o dificultarán su ejecución tales como los recursos, los equipos de que disponemos, la realidad a la que nos enfrentamos o la operativa que vamos a desarrollar.
Una forma de asegurar que la organización puede ejecutar la estrategia es precisamente involucrar en su definición a los responsables que llevarán a cabo la ejecución de la misma. Muchas veces falla el QUÉ porque no hemos tenido en cuenta los aspectos reales que nos encontraremos al implantar el plan estratégico, no se ha tomado en cuenta la ejecución real de las ideas plasmadas en dicho plan.








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