El crecimiento de una empresa no siempre llega acompañado de las herramientas necesarias para gestionarlo. Muchas veces, profesionales con una sólida formación técnica descubren que dirigir equipos, organizar procesos, delegar y tomar decisiones empresariales exige otro tipo de preparación. La experiencia de Carlos Paternina, arquitecto y alumno del Máster en Dirección y Gestión de Empresas de la Universidad de Alicante, refleja con claridad ese paso: de trabajar como profesional autónomo a asumir la dirección de una estructura empresarial en crecimiento.
Carlos Paternina es arquitecto y actualmente participa en la dirección de dos empresas: un estudio de arquitectura y una empresa constructora. En el estudio de arquitectura, su papel se centra en la dirección de la empresa, el área comercial, el seguimiento de proyectos y la parte de marketing y comunicación. En la constructora, asume una función más técnica, vinculada al detalle de cada proyecto, sus fases y su contratación.
Su trayectoria parte de una base claramente técnica. Como él mismo explica en la entrevista, tanto él como su socio procedían del ejercicio profesional como arquitectos autónomos. Esa experiencia les permitió desarrollar criterio profesional, conocimiento del oficio y capacidad para sacar adelante proyectos. Sin embargo, el crecimiento del volumen de trabajo les llevó a tomar una decisión empresarial: unir fuerzas, formar un equipo y crear un estudio.
Ese paso supuso también un cambio de mentalidad. Ya no se trataba solo de responder como profesionales individuales, sino de construir una marca, organizar un servicio y gestionar una empresa capaz de asumir más proyectos sin perder el seguimiento cercano al cliente.
La creación del estudio no surgió como una decisión planificada desde el inicio, sino como respuesta a una necesidad concreta. Carlos explica que tanto él como su socio Zeus Torrecillas trabajaban como autónomos y empezaron a acumular un volumen de trabajo que hacía necesario formar equipo.
El estudio nació con una filosofía clara: adaptarse al cliente. Frente a otros modelos más rígidos, Carlos define su propuesta como un servicio de seguimiento integral, orientado a facilitar al cliente toda la parte relacionada con la arquitectura. Esta forma de entender el negocio muestra una idea relevante para cualquier profesional que decide emprender: la empresa no solo se construye desde lo que se sabe hacer, sino también desde cómo se entrega ese servicio al mercado.
En ese proceso, la marca personal también encuentra sus límites. Carlos señala que, si se quiere crecer, llega un momento en el que trabajar únicamente como profesional individual “tiene sus días contados”, porque no permite alcanzar el mismo volumen ni asumir el mismo nivel de actividad que una empresa o una marca organizada.
Uno de los puntos más interesantes de la entrevista es la descripción del crecimiento interno. El proyecto comenzó con dos personas, los dos socios, pero pronto surgió la necesidad de incorporar más equipo. La empresa pasó a contar con cuatro o cinco personas contratadas, y con ello aparecieron problemas habituales en muchas organizaciones que crecen rápido: falta de coordinación, dependencia excesiva de los socios y dificultad para delegar.
Carlos lo expresa de forma muy directa: durante varios meses, ir a trabajar llegó a ser “horrible” porque todo el mundo preguntaba, no existía suficiente coordinación y los socios se habían acostumbrado a hacerlo todo ellos mismos. Esa situación les obligó a parar, organizarse y dedicar tiempo a ordenar la empresa.
Esta parte de la experiencia es especialmente útil para futuros alumnos del MDE, porque muestra una realidad frecuente en perfiles emprendedores y técnicos: el problema no siempre es conseguir trabajo, sino ser capaz de estructurar la empresa cuando el trabajo aumenta.
La decisión de cursar el Máster en Dirección y Gestión de Empresas surgió cuando Carlos y su socio comenzaron a trabajar en el plan estratégico de la empresa. Al hacerlo, detectaron que les faltaba información, base y herramientas para abordar la gestión con mayor criterio.
Carlos reconoce que contaban con una formación técnica muy amplia, fruto de la carrera y de años de trabajo, pero no habían recibido una formación específica para crear y dirigir una empresa. Hasta ese momento habían avanzado por prueba-error. El Máster aparece, por tanto, como una forma de cubrir esa carencia y de acceder a recursos que les ayudaran a organizar mejor lo que ya estaban construyendo.
La entrevista muestra una idea central: el MDE no sustituye la experiencia profesional, sino que ayuda a interpretarla, ordenarla y convertirla en decisiones más conscientes. Para alguien que ya está dentro de una empresa, esto resulta especialmente relevante porque permite conectar lo aprendido en clase con problemas reales que están ocurriendo en su organización.
Uno de los beneficios que destaca Carlos es la posibilidad de aplicar o adaptar lo que está aprendiendo. En la entrevista explica que muchas de las cosas que están viendo en el Máster ya las están incorporando a su empresa, o les están ayudando a entender cómo se hacen en otras organizaciones.
Este enfoque aplicado es una de las claves para perfiles profesionales que no buscan solo adquirir conceptos, sino encontrar herramientas útiles para tomar mejores decisiones. Carlos menciona también la posibilidad de preguntar en clase, contrastar dudas y aprender a partir de la experiencia de otras empresas.
Para futuros alumnos, esta visión resulta especialmente valiosa: el Máster no aparece como un espacio desconectado de la realidad empresarial, sino como un entorno donde analizar problemas concretos de dirección, crecimiento, organización y planificación.
El objetivo que Carlos asocia a esta etapa de organización y formación es claro: dejar de ir al día y ganar capacidad de visión. Tras parar durante un mes y medio o dos meses para ordenar la empresa, el Máster se convirtió en una vía para ampliar la perspectiva, prever mejor las cosas y analizar lo aprendido.
Esta idea resume bien el tránsito que vive cualquier profesional que pasa de ejecutar proyectos a dirigir una empresa. La gestión exige anticipar, coordinar, decidir y revisar. También exige dejar de depender únicamente de la intuición o de la urgencia diaria.
En el caso de Carlos, el MDE aparece como una herramienta para profesionalizar ese proceso sin perder el contacto con la realidad concreta de su empresa: un estudio de arquitectura y una constructora que han crecido desde el esfuerzo técnico inicial hacia una estructura que necesita organización, dirección y visión empresarial.
En definitiva, la experiencia de Carlos Paternina muestra que el crecimiento empresarial plantea retos que van más allá del conocimiento técnico. Crear equipo, delegar, organizar procesos, diseñar un plan estratégico y ganar capacidad de previsión son aprendizajes clave para quienes quieren dirigir mejor sus proyectos. En este contexto, el Máster en Dirección y Gestión de Empresas de la Universidad de Alicante se presenta como un espacio útil para transformar la experiencia profesional en criterio directivo aplicado.
Este artículo es un resumen de la entrevista realizada a Carlos Paternina, arquitecto y alumno del Máster en Dirección y Gestión de Empresas, en el marco de los contenidos de difusión del programa de la Universidad de Alicante.
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