Dirigir una empresa implica tomar decisiones, gestionar recursos y mirar hacia el futuro del negocio. Pero también exige comprender a las personas, acompañar equipos y aprender a sostener la responsabilidad diaria desde una mirada más amplia. La experiencia de Miriam Madrigal, alumna del Máster en Dirección y Gestión de Empresas (MDE) de la Universidad de Alicante, refleja cómo el programa puede ayudar a ordenar esa visión directiva desde la práctica, el aprendizaje compartido y el desarrollo personal.
Miriam Madrigal forma parte de la segunda generación de una empresa familiar creada hace aproximadamente entre 38 y 40 años. Su trayectoria está vinculada al negocio del agua, en el que comenzó trabajando como una empleada más antes de asumir progresivamente la dirección de la empresa.
Actualmente dirige la organización tras el proceso natural de relevo generacional motivado por la jubilación de su padre. Según explica, desde hace unos seis u ocho años está al frente de la empresa, dedicada al ámbito del agua y, en concreto, a todo lo relacionado con el contador de agua para Aguas de Alicante y otras empresas del Grupo AGBAR.
Su caso representa una realidad frecuente en muchas empresas familiares: el paso de conocer el negocio desde dentro a asumir la responsabilidad de dirigirlo. Ese cambio no solo implica tomar decisiones operativas o económicas, sino también aprender a gestionar personas, expectativas, problemas cotidianos y dinámicas internas.
Cuando Miriam habla de lo más difícil de dirigir una empresa, no se centra únicamente en la facturación, los recursos o la organización del trabajo. Para ella, el mayor reto ha sido la gestión del personal.
En su reflexión aparece una idea especialmente relevante para cualquier persona que aspire a ocupar posiciones directivas: liderar no consiste solo en controlar indicadores o coordinar tareas. También requiere una parte de escucha, empatía y comprensión de las situaciones personales de cada empleado.
Miriam lo expresa desde su experiencia diaria: las personas que forman parte de la empresa acuden con problemas, inquietudes y preocupaciones. Por eso, considera que una de las mayores dificultades está en “tener a la gente cuidada”, ponerse en la piel del otro y ayudar en la medida de lo posible.
Esta visión conecta con una dimensión esencial de la dirección empresarial: la gestión de personas como parte central del funcionamiento de una organización. En empresas familiares, donde la cercanía y la continuidad suelen tener un peso importante, esta responsabilidad puede sentirse todavía con más intensidad.
Miriam comenzó el Máster en Dirección y Gestión de Empresas (MDE) con unas expectativas muy centradas en la dirección, los recursos y las herramientas de gestión. Ella misma explica que esperaba un enfoque más asociado a aspectos técnicos, incluso a recursos como Excel.
Sin embargo, su paso por el programa le ha aportado una visión más amplia. A lo largo del Máster ha encontrado herramientas, clases y ponentes, pero también un entorno de aprendizaje compartido que ha tenido un impacto importante en su forma de entender la empresa y su propia manera de afrontar los retos.
Uno de los elementos que destaca es el grupo humano generado durante el programa. Miriam subraya el valor de sus compañeros, de las personas que ha conocido y de las amigas con las que va a realizar el Trabajo Fin de Máster. Para ella, esa dimensión personal ha sido incluso más motivadora que algunas de las herramientas trabajadas durante el curso.
Entre las sesiones que recuerda con especial intensidad, Miriam destaca la clase de Faus Olmos. De ella se llevó una recomendación muy concreta: tener siempre una libreta a mano para anotar cada día qué le ha hecho feliz y cuánto ha durado esa felicidad.
La alumna explica que, al salir de clase, fue a comprar una libreta y un bolígrafo, y que lo primero que apuntó fue precisamente esa sesión. La define como “un regalo del Máster” y como una lección sobre cómo hacer importante a los demás.
Uno de los ejercicios que recuerda consistía en escribir durante 15 segundos las diez personas más importantes de la vida de cada uno. Lo relevante llegó después: nadie se había incluido a sí mismo en esa lista. A partir de ahí, la reflexión fue clara: si una persona no se considera importante en su propia vida, difícilmente podrá hacer sentir importantes a los demás.
Para Miriam, esta idea quedó grabada. Y resulta especialmente coherente con el reto que ella misma identifica en su día a día: dirigir personas desde una posición que combina responsabilidad, escucha y cuidado.
Además de la sesión de Faus Olmos, Miriam recuerda especialmente la primera clase con Julián Sánchez. Lo describe como un inicio lleno de energía, a partir de la experiencia de una persona que había desarrollado una empresa de calzado, viajado a Estados Unidos, vendido la compañía en plena pandemia y comenzado después un proyecto vinculado a la medicina.
Lo que destaca de esa sesión no es solo la trayectoria, sino la forma de enfocar la empresa y el mundo empresarial. Para Miriam fue motivador ver cómo una trayectoria profesional puede evolucionar hacia ámbitos distintos y cómo la experiencia acumulada permite mirar los proyectos con perspectiva.
También menciona la clase de Juana Tormo, especialmente por la pasión con la que impartió la sesión. En conjunto, estos recuerdos muestran uno de los valores del programa: el contacto con perfiles profesionales diversos, capaces de trasladar experiencias reales y enfoques aplicados a quienes se están formando en dirección y gestión empresarial.
Al valorar cómo ha cambiado su visión del mundo empresarial, Miriam afirma que se ha transformado bastante. El MDE le ha permitido ampliar su mirada más allá de la dirección entendida sólo como gestión de recursos, organización o herramientas.
También señala un cambio personal: se siente una persona todavía más positiva y con mayor capacidad para encarar los problemas que puedan surgir en el futuro. Esta idea es especialmente relevante porque muestra que la formación directiva no se limita a adquirir conocimientos técnicos; también puede contribuir a fortalecer la actitud con la que se afrontan las decisiones, los equipos y los desafíos cotidianos de la empresa.
En su caso, el aprendizaje se articula en torno a tres dimensiones: la gestión de personas, la apertura a nuevas herramientas y el valor de compartir el proceso con otros profesionales. Esa combinación convierte la experiencia formativa en algo más amplio que un programa académico: un espacio para revisar la forma de dirigir y de situarse ante la responsabilidad empresarial.
En definitiva, la experiencia de Miriam Madrigal en el Máster en Dirección y Gestión de Empresas muestra cómo la formación directiva puede ayudar a quienes ya están al frente de una empresa a ordenar su mirada, reforzar su capacidad de gestión y comprender mejor el papel de las personas en la organización. Su testimonio pone el foco en una idea clara: dirigir también implica aprender a escuchar, cuidar y afrontar los retos con criterio, herramientas y una actitud más consciente.
Este artículo es un resumen de la entrevista realizada a Miriam Madrigal, alumna del Máster en Dirección y Gestión de Empresas (MDE) de la Universidad de Alicante, desarrollado por UNNIUN y El Club de las Buenas Decisiones.
En UNNIUN trabajamos para ofrecer programas formativos orientados a la toma de decisiones en entornos complejos, conectando conocimiento académico y práctica profesional. Si quieres conocer más sobre nuestra oferta formativa o nuestras próximas actividades, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo.
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