En la última sesión de Dirección Estratégica, impartida hace unas semanas en el Máster de Dirección y Gestión de Empresas #MDE, Ignacio Amirola nos sorprendió comenzando la clase con la siguiente frase: “Los planes estratégicos tal y como se han configurado hasta ahora no sirven de nada”.
En el contexto actual visionar un plan estratégico a cinco años es prácticamente inventárselo, porque no se puede tener certeza sobre el futuro; pero si podemos prever dónde nos gustaría estar, ser constantes con la definición de las funciones del Plan y saber cómo moverlo. Es decir, debemos encontrar el equilibrio entre lo urgente y lo importante, ¿Estrategia o improvisación?
En este nuevo entorno económico post-crisis debemos destacar dos aspectos claves:
No consiste en leerse las todas tendencias que existen sobre este tema, ni tampoco en quedarse anclado en las referencias existentes hasta el momento que ya no sirven. Tenemos que ser mucho más práctico e ir verdaderamente a lo esencial
Hay que evitar quedarnos fuera del mercado por centrarnos en encontrar nuestra ventaja competitiva. Centrarnos en lo que sabemos que es verdad, que no falla y asegurémonos que lo hacemos bien. Tenemos que pensar con mentalidad de estratega, incorporar el corto plazo y hacer más con menos.
1. ¿Con nuestra estrategia estoy batiendo al mercado?
Cada vez tenemos que ser más eficientes y ofrecer más por menos. El Gap entre el coste de capital y retorno, tiende a cero.
Actualmente la ventaja “de él que golpea el primero, golpea dos veces” ha desaparecido, ahora los medianos copian a los mejores (los malos desaparecen), por lo que las mejores prácticas tienden a generalizarse en vez de convertirse en estrategias para batir al mercado. Se necesitan ventajas robustas.
2. ¿Nuestra estrategia se apoya en verdaderas ventajas competitivas?
Definir y conocer cuál es tu ventaja competitiva es imprescindible para saber de verdad porque ganas y pierdes dinero. Para ello debemos crear barreas de entrada, generar competencias diferenciadoras, unir una serie de actividades que colectivamente creen una ventaja y por supuesto “pensar con mentalidad de estratega”.
3. ¿Nuestra estrategia tiene claro en qué mercado competir?
Ya no basta con segmentar en 5 o 6 nichos de mercado, debemos analizar y segmentar el mercado en 30 o los máximos posibles dependiendo del sector.
4. ¿Nuestra estrategia se anticipa a las tendencias?
La mayor parte de las empresas cuando extrapolan lo hacen cogiendo el histórico de los últimos 3 años, plazo demasiado corto para captar los cambios del mercado. Por otro lado, las tendencias aparecen tan despacio que pasan desapercibidas hasta que ya están funcionando.
5. ¿Vuestra estrategia está, también, basada en información privilegiada?
Nos creemos que estamos muy bien informados, pero la realidad es que mucha de la información es ruido y la mayor parte está disponible para nuestros competidores. Por ello debemos recoger información a través de investigaciones propias.
6. ¿Su estrategia contempla la incertidumbre?
Uno de los principales retos de la estrategia es que tenemos que hacer elecciones para el futuro. Debemos gestionar incertidumbre. No debemos ser ni muy optimistas, ni muy pesimistas.
7. ¿Nuestra estrategia es imparcial o está contaminada?
En el desarrollo de nuestra estrategia es importante contar con personas ajenas a la empresa que nos puedan ayudar a ser imparciales y desarrollar múltiples hipótesis y soluciones “no contaminadas”.
8. ¿Estamos 100% comprometidos con la estrategia y su puesta en marcha?
Muchísimas buenas estrategias fallan por una inadecuada implementación, por ausencia de convicción en la organización y particularmente del equipo gestor. Por ello, el primer objetivo de la implementación es convencer haciendo partícipes a las personas adecuadas. Además, tan malo es definir una estrategia sin contar con nadie, como contando con todo el mundo.
9. ¿Habéis convertido vuestra estrategia en un plan de acción y sabéis cómo liderarlo?
Es crítico tener claro desde dónde y hacia dónde estoy moviendo la organización.
Debemos convertir la estrategia en un conjunto de proyectos y cada uno de ellos debe ser gestionado individualmente con el único fin de entregarlo tal y como se pensó.
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